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La historia se dio  a principios de siglo en un pequeño hotel de Filadelfia.

Un joven y ambicioso dependiente llamado George, estaba convencido que quería trabajar hasta llegar a una posición muy alta en la industria hotelera. Al principio de su entrenamiento, George decidió que la clave para el éxito en el negocio de la hotelería era poner a los clientes de primero, sin importar la circunstancia.

Así que tomo una decisión consiente de desarrollar dos hábitos a lo largo de su vida: Uno, que él convertiría en un hábito el aprender todo lo que pudiera acerca de los negocios de la hotelería; y dos que convertiría en un hábito ver que cada solicitud de un cliente se atendiera de manera diligente y cortés. Como resultado de estos dos hábitos, George empezó a crear fama para sí mismo con los propietarios que lo estaban entrenando para llegar a una posición de gerencia.
NO HAY VACANTES EN EL HOTEL

Una noche fría y lluviosa, una pareja mayor y bien vestida entró al lobby”. El caballero elegante se acercó a la recepción y le dijo con un acento distintivamente inglés, “Joven todos los grandes hoteles están llenos, y mi esposa y yo estamos desesperados por una habitación. ¿Podría usted darnos hospedaje?” George le explico al caballero que había tres convenciones en la ciudad, y que no había ni una sola habitación en la ciudad. Apenas vio la cara de desilusión de los clientes, George se recordó a sí mismo el hábito de siempre poner al cliente primero sin importar las circunstancias. A medida que la pareja se dirigía hacia la puerta de salida, George le dijo: “Excúseme, Señor. Yo no pensaría en enviar a una pareja tan agradable como ustedes afuera, a la una de la mañana, especialmente cuando está lloviendo. Nosotros no tenemos vacantes, pero tal vez usted consideraría mi habitación esta noche”. Cuando la pareja declinó la oferta, George insistió, diciendo que, de cualquier manera, él no iba a necesitar la habitación, debido a que él iba a estar trabajando hasta la mañana siguiente. “Preferiría que usted ocupase mi habitación en vez de dejarla vacía toda la noche. Por favor, tome mi habitación. Es lo mínimo que yo podría hacer por una pareja tan agradable, en una noche tan terrible”.

A la mañana siguiente, cuando este hombre mayor pagó su cuenta, le entregó a George una propina sustancial, sonriendo, y dijo, “Joven usted es el tipo de hombre que debería ser gerente del mejor hotel de los Estados Unidos. Tal vez un día yo construya un hotel para usted”.

El joven dependiente miró a la encantadora pareja, y todos se rieron del chiste. Luego George ayudo a llevarles las maletas a la calle y conversó con la encantadora pareja hasta que llegó el taxi.

Dos años después George ya había olvidado aquel incidente. Su gran actitud y sus buenos hábitos de trabajo habían logrado que George fuese promovido varias veces en el hotel, pero George estaba empezando a sentirse inquieto. Él sentía que conocía el negocio  de la hotelería a diestra y siniestra, y tenía como meta convertirse en gerente general.

Un día recibió una carta fechada en la ciudad de Nueva York. Era del caballero mayor que George había hospedado una noche lluviosa hacía dos años. La carta decía que George debía ir a visitarlos, a él y a su esposa. Dentro de la carta había un pasaje, de ida y regreso, a la ciudad de Nueva York. En Nueva York, el hombre mayor le hizo a George una serie de preguntas que parecían no terminar. Quería saber de dónde era George... cuánto tiempo había invertido en el negocio de la hotelería... cómo operaría un hotel grande si él fuese el jefe... hasta dónde llegaban sus metas y aspiraciones... y así sucesivamente. George le respondió todas las preguntas y le agradeció cortésmente al caballero por su genuino interés.
SUEÑOS QUE SE VUELVEN REALIDADES

El hombre llevó a George a la esquina de la Quinta avenida con calle 34 y le mostró un nuevo y maravilloso edificio, un palacio de rocas, bermejas, con torres y torrecillas para divisar el paisaje que se imponía en el cielo. Guiñando el ojo, el señor mayor miró a George  y le dijo, este es el hotel que he construido para usted”. George soltó una carcajada y felicitó al hombre mayor por su chiste. A pesar de que el hombre mayor estaba sonriendo, no se estaba riendo. “Se lo aseguro, joven”, dijo el hombre mayor, “no estoy haciendo un chiste. Yo llamé a este hotel el Waldorf Astoria, en homenaje al nombre de la familia. Y usted, señor, va a ser el primer gerente ¡felicitaciones!” Verá, ese hombre mayor se llamaba William Waldorf Astoria, el heredero de una de las fortunas más grandes en la historia de los Estados Unidos. Y el joven dependiente que se llamaba George C. Boldt, quien terminó siendo el primer gerente del hotel más grandioso de su época. E inclusive a la fecha, el Waldforf sigue siendo uno de los mejores hoteles en el mundo donde una habitación pequeña cuesta más de trescientos cincuenta dólares la noche.


El retorno de la inversión en entrenamiento ejecutivo de equipos gerenciales es exponencial y en minutos. Norman Vincent Peale.
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