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Carlos Kasuga nació en un pequeño pueblo del centro de México llamado Los Cerritos. Su padre fue Tsutomu Kasuga y su madre Mitsuko Osaka. El padre arribó a México antes que su madre, siendo apenas un joven de 20 años.

Años antes, Japón estaba atravesando una coyuntura compleja conocida como “la Era Meiji”, que buscaba una renovación total de la nación. Durante este período, el país asiático empezó una reestructuración a todos los niveles y cerró sus fronteras a Occidente.

Su economía entró en crisis y el desempleo junto con el apropiamiento de tierras por parte del Estado dejó a muchos japoneses (especialmente campesinos) fuera de la estructura y en situación de precariedad.

Japón pidió a estos japoneses que en nombre del bien común, se sacrificaran saliendo del país e hicieran su vida en otras naciones. Es allí donde se inician las migraciones de japoneses hacia otras naciones del mundo.

Kasuga (padre) era cultivador de gusano de seda. Llegó a México en 1930 por iniciativa de un coterráneo radicado en México que había logrado adquirir un terreno.

Tsutomu Kasuga ingresó a México proveniente de Japón bajo la figura de inmigrante “Yibiyose”. Esto quiere decir con carta de invitación. Comenzó entonces a trabajar como agricultor en un rancho pero al poco tiempo lo abandonó por ver escasa posibilidad de progreso.

Se trasladó entonces hacia Los cerritos y empezó a trabajar como dependiente de una de las tienda de abarrotes más importantes del lugar, propiedad de otro paisano: Teikichi Iwadare.

Allí trabajó mucho y con empeño logró aprender el idioma castellano y las artes del comercio. Ese mismo año pidió a sus parientes que estaban en Japón que le consiguieran una muchacha que estuviera dispuesta a casarse y viajar a México para hacer familia con él.

A través de una carta se comunicó con la chica. Luego de ver su foto y recibir su promesa de esforzarse mucho para el bienestar de su futura familia, la chica accedió a viajar y casarse con él. Desde su llegada a México, la pareja trabajó como un equipo en la tienda para forjarse una base.

El 26 de octubre de 1937, nació Carlos Tsuyoshi Kasuga Osaka. Luego de mucho esfuerzo y ahorro, sus padres lograron abrir una tienda en la localidad de Cárdenas, a la que pusieron el nombre de su hijo “Carlos Kasuga”.

En 1942, cuando Carlos era apenas un pequeño de 4 años, tuvo que salir de su pueblo natal junto con sus padres, dejando todas sus propiedades. Los pobladores salieron a defender a la familia para que no se los llevaran pero fue inútil.

Estados Unidos había declarado la guerra al Japón, y México por tener un gobierno subordinado a los dictámenes norteamericanos, acató la orden estadounidense de trasladar a todos los inmigrantes nipones a la capital y a confiscar sus bienes.

Los servicios de inteligencia de EEUU operaban a sus anchas en México y tenía un registro pormenorizado de todos los japoneses (ahora declarados enemigos) radicados en México.

Los Kasuga fueron ubicados junto con otras familias en Tacubaya, Ciudad de México. Con lo poco que lograron salvar y en colaboración con los otros refugiados japoneses, crearon una escuela a la que nombraron Takubaya Gakuen.

La escuela estaba destinada para que sus niños no perdieran conexión con su cultura. Allí se les enseñaba a leer y escribir japonés, y también historia del Japón.

Carlos Tsuyoshi tuvo que hacer esfuerzo extra pues además asistía a una escuela pública mexicana. Era estudiante en dos escuelas al mismo tiempo.

A medida que fue creciendo, Carlos apoyó a la economía familiar en una tienda de dulces que lograron abrir sus padres ahorrando poco a poco como buhoneros de verduras en la calle.

Fue así que con gran dedicación, esfuerzo y perseverancia, logró ingresar y culminar sus estudios superiores graduándose de Contador Público. Sus valores familiares lo acompañarían desde ese momento y para siempre: honestidad, respeto, gratitud y la inagotable laboriosidad.

En 1956 Carlos viajó a Japón bajo una figura especial denominada “Dekasegui” (persona que sale de su tierra para hacer fortuna en otro lugar). Allí se pagó sus estudios para perfeccionar su dominio del japonés en la Universidad de Sofía, ubicada en Tokio.

Allí asistió a la Primera feria de maquinarias japonesas y le llamó la atención una para fabricar pelotas y productos inflables.

Carlos pertenecía al equipo de natación de su facultad y recordó que en sus prácticas de inicio utilizaban tripas de caucho a falta de salvavidas. Decidió adquirir una de estas máquinas y la llevó a México.

A los 21 años y con apoyo de su familia, estaba fundando su primera empresa. Ésta, aún hoy, lidera el mercado de los productos inflables: Industrias Kay, que fabricó los inmensos aros inflables emblema de las olimpiadas México 68.
En 1981, y tras labores de convenio entre la industria Yakult Japón, logró los permisos para instalar la Planta Yakult México. Esta inicia operaciones con su fábrica completamente automatizada localizada en el municipio Ixtapaluca.

Actualmente cuenta con una segunda Planta ubicada en Guadalajara, Jalisco y es una de las marcas más consolidadas en el mercado mexicano.

Carlos Kasuga ha sido un promotor incansable de la educación y los valores. Se ha preocupado por fortalecer nexos entre quienes como él son “nikkai” (hijo de inmigrantes japoneses). Ha fundado escuelas y pertenece a agrupaciones destinadas al rescate de la cultura japonesa.


También es reconocido por difundir la fórmula de su éxito a través de conferencias, libros y vídeos. Sus ideas apuntan al empoderamiento ciudadano a través de la educación en valores.

Ideas y aportes

La filosofía fundamental de Carlos Kasuga se sostiene en cuatro Ejes Fundamentales para lograr el éxito:

  1. El BIEN SER. Para alcanzar el éxito personal y profesional deben cultivarse las siguientes virtudes: Puntualidad, Disciplina, Austeridad, Amor al estudio, Honestidad y Laboriosidad.
  2. El BIEN HACER. Todo lo que se hace debe realizarse bien desde el principio.
  3. EL BIEN ESTAR. Sentirse bien por haber dado lo mejor de uno al hacer las cosas.
  4. EL BIEN TENER. Los 3 pasos anteriores conducen a la prosperidad económica honesta, producto del trabajo limpio y honrado.

Además de estos postulados, Kasuga aboga por una transformación radical de la educación. No solo debe limitarse a impartir conocimientos académicos tradicionales, sino que debe hacer énfasis en la enseñanza de valores.

De igual manera, recalca que la limpieza de los espacios, de las personas, debe ser un hábito en la vida de toda persona. Eso también contribuye a la salud y al éxito.

Afirma que cuando una empresa, una institución del gobierno, una entidad no funciona como debe ser, los responsables son los directivos porque, según sus palabras: Los peces empiezan a podrirse desde la cabeza, no desde la cola.

En cuanto a sus modos gerenciales, Kasuga rompió paradigmas tradicionales afirmando que al trabajador además de su salario hay que ofrecerle un “sueldo moral”. Esto no es más que hacerle saber lo útil, necesario, querido, respetado y reconocido que es.

Además, se auto-invita a las casas de sus trabajadores y cena con ellos para fortalecer lazos y visualizar las condiciones en las que viven para apoyarlos de manera personalizada.

Otro de sus curiosos hábitos empresariales, es no establecer sanitarios diferenciados para los directivos y los obreros.

Carlos Kasuga es uno de los empresarios mexicanos más importantes de América Latina, hijo de japoneses pero nacido en México. Es fundador y dueño de la empresa de productos lácteos probióticos Yakult, S.A. División México, Presidente del Instituto de Ciencias de la Vida y expresidente de la Federación Panamericana de la Leche. 

También es fundador y propietario de Industrias Kay Internacional, una reconocida productora de inflables plásticos, y fundador de una de las instituciones educativas más prestigiosa del país: el Liceo Mexicano Japonés.

También ha ocupado la presidencia de múltiples organizaciones que tienen como finalidad la unión de los “Nikkei” (descendientes de migrantes japoneses) en América latina: la Asociación Mexicana Japonesa, el Comité de las celebraciones de la migración japonesa a México y la Confederación Panamericana Nikkei (COPANI).

A pesar de haberse titulado como Contador Público, ha dado sobradas pruebas de ser mucho más que eso. Sus resultados como emprendedor exitoso y como altruista ser humano, ratifican su condición de líder integral.

Carlos Kasuga ha desarrollado como conferencista una interesante faceta, de mayor alcance y trascendencia para la comunidad mexicana y latinoamericana. En cada una de sus presentaciones reivindica el orgullo de ser mexicano.

Hoy, con sus 80 años, tiene como objetivo compartir con sus compatriotas mexicanos y con su auditorio internacional las fórmulas que ha aplicado en su vida. Las mismas le han servido para alcanzar el éxito personal, profesional y para convertirse en un ciudadano de calidad para la nación que acogió a sus padres. 


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